Nací por casualidad, en un pueblo de la llanura manchega llamado Alcázar de San Juan, en Ciudad Real, en 1977.  Digo de casualidad, porque mis padres, en viaje desde Toledo donde residían hacia Jaén, su lugar de nacimiento, se enteraron en el momento de parto de que traían al mundo una pareja de gemelos. Yo fui el segundo, por cinco minutos. Dicen que eso significa que soy el mayor de los dos.

Toledo, Cáceres, León... mi infancia estuvo marcada por los traslados debido al trabajo de mi padre, bancario (no banquero, que es otra cosa). De los primeros ocho años de mi vida en el Norte me ha quedado el acento castellano, que no ha desaparecido ni siquiera tras 25 años en tierras andaluzas,en Granada.

Desde que nuestra madre nos enseñó a leer en casa con cuatro o cinco años a mis hermanos y a mí con un silabario no he dejado de leer. Cómic, tebeos, viñetas cómicas, literatura juvenil, novelas de aventuras, drama, ciencia ficción.... cientos y cientos de lecturas que me empujaron hacia un destino natural: pasar de lector a escritor.

Estudié Ingeniería de Caminos, me puse a trabajar y en uno de mis cambios de trabajo me tomé seis meses de reflexión. Inicié un relato ambientado en la Granada nazarí del s.XIV. Cuando retomé mi actividad laboral, no conseguía  quitarme aquel relato la cabeza. Yo pensaba que me había quedado magnífico, y de hecho gané un premio con él. Entonces me pregunté si no podría continuarlo, si no sería capaz de ampliar su historia. Y eso hice, a ratos, robando horas al sueño y a los fines de semana. Tres años más tarde, había concluido “El esclavo de la Al-Hamrā”. Y me dije: si he sido capaz de escribir una novela, ¿seré capaz de hacer que lo publiquen?

Y ese fue el inicio de todo. Actualmente trabajo en nuevos proyectos, que compagino como puedo con mi actividad profesional, y quién sabe si llegará un día en que pueda dedicarme en exclusividad a la escritura. No hay nada más fascinante que ver nacer a los personajes y descubrir que de pronto tienen vida propia, anhelos y esperanzas, temores y quejas, miedo, alegría... que están vivos, tan vivos como nosotros.

Concibo mi escritura como un entretenimiento y como un escape de nuestra realidad. Quiero que la gente encuentre en mis libros otras gentes, otras épocas, fuera de lo cotidiano, de la alienación del actual mundo laboral. Quiero que mis lectores se olviden de hipotecas y del trabajo, de la angustia del día a día, y que se sumerjan en las largas caravanas de comerciantes en ruta a Samarcanda, en el océano de olores de especias del zoco de Madinat Garnata, que sientan la sal del Mediterráneo sobre la cubierta de los barcos piratas de Al-Borani, que admiren en el atardecer el ocaso del sol entre los inmensos pilonos del Templo de Amón en Karnak... ¡Lee y vive!


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